domingo, 18 de marzo de 2012
DE SILENCIOS Y MELODÍAS
domingo, 23 de mayo de 2010
Gente así
Gente así
Descendí del ómnibus encendiendo el cigarrillo, hábito que en mí era un peaje vital. Con la “negra” habíamos acordado la cita para aquella mañana, caminando por Gral. Luna. Ella arrancaría del lado de Millán y yo subiría desde Agraciada.
- ¡No te duermas! Le recomendé al despedirnos, sabiendo lo que le costaba salir del sueño.
Elegimos ese lugar por no ser muy transitado, lo cual nos facilitaba el control de posibles seguimientos. Aunque albergaba algunas fábricas y barracas, esencialmente predominaban las casas particulares.
Mientras iba por la calle, hilvanaba los temas a conversar.
Terminaba el verano del 79 y acabábamos de recibir un nuevo sacudón con la detención de cientos de compañeros. Había avanzado un breve trecho cuando se desató una tormenta de verano. Caían gruesos goterones. El agua cubrió primero la calle y sin respetar límites de asfalto trepó por los cordones inundando las veredas.
Totalmente empapado mi única preocupación era evitar mojarme los pies. Al divisar un escalón de un comercio, en la proa de la esquina, me dirigí hacia allí, creyendo ponerme a salvo. Pero en pocos minutos la calle se había convertido en un arroyo que lo desbordaba todo, lo cual me obligó buscar otro refugio. Doblé a la derecha, el agua venía a raudales por la bajada, y con ella latas de basura, ramas de árboles y un “cachilo” que no resistió el embate.
A veces uno registra el nombre de los barrios sin detenerse a pensar en su contenido, ahora sabía porqué lo llamaban Arroyo Seco.
Chapoteando, divisé un escalón de casa antigua, roca salvadora donde una vecina lidiaba con su escoba. El agua avanzaba de la claraboya gris-azulada, cual transparente colador del cielo, cayendo en el patio.
- Buen día señora. ¿Puedo quedarme en la puerta?
- Sí m’hijo me respondió con una sonrisa, mientras seguía en su obligada fajina.
La persistencia del aguacero pretextó la fluidez de la conversación. Al preguntarme donde trabajaba, le dije que vendía libros.
- Mire que casualidad, mi hermano tiene una librería y ahora está radicado en
- ¿Cómo se llama?
- Pascale
Le devolví la sorpresa al decirle que lo conocía.
Seguimos conversando como si fuéramos conocidos de siempre. Al percatarse que estaba tiritando, desapareció por unos instantes en una de las piezas, tornando con un vaso de cognac, generosamente servido.
- Con esto entrará en calor, me dijo.
La lluvia fue amainando y me preparé para volver a mi recorrido. Al despedirme la vecina me sorprendió por partida doble.
- Llévese esto y cuídese mucho, porque acá venía Oscar Tassino y hace tiempo que está desaparecido, dijo mientras me extendía un buzo de lana.
Luego de agradecerle, me alejé pensando en Tassino, en las casualidades y en que alguna vez volvería a visitarla.
Pasados muchos años he andado por los alrededores y no sé si por falta de memoria visual, por cambios en el barrio, o quizá porque quiero conservar el recuerdo tal cual lo viví, no dí con la casa.
sábado, 22 de mayo de 2010
Gurises resistentes
Gurises resistentes
Allá por el 78 conocí a Lía Vinci y Marcelo Muñoz. Pusieron su casa a disposición como vivienda clandestina. Muy jóvenes, estudiantes, con su pequeña y traviesa hija, ambos me ayudaban como “enlaces” repartiendo paquetes con “Carta” y Liberarse”. Lía era quien ayudaba a “camuflarme” usando todas las pilchas de Marcelo.
Él empezó a trabajar en el boliche de Germán Araújo, en el Parque Batlle, y por su intermedio “el petiso” me enviaba profusa información.
Cosas de perro: entreverando las cartas, le dije a Lía que tenía un hijo, cuando en realidad era niña, y se le antojó regalarme un cachorro de ovejero alemán. Caminó tres kilómetros con el cachorro al lado, y yo otro tanto, hasta que nos encontramos y me pasó el regalo. En otra ocasión le pasé por debajo de la puerta el dinero para pagar la luz. Al volver a verlos me notificaron que el perro que tenían se había comido los billetes.
A veces recibíamos a Roberto Pereira, quien formaba parte del equipo de dirección en Buenos Aires. Venía frecuentemente a verme, en condiciones sumamente difíciles. E n una de esas ocasiones, llegaron de visita los padres de Lía. Tuvimos que escondernos todos adentro del ropero.
Al tiempo incorporamos a la tarea a la hermana de Lía, quien con sus escasos 17 años, tenía buenos ovarios. Me parece verla a Anita, fotógrafa ella, andando con su pequeña moto por todos lados. También se jugó la ropa en las tareas clandestinas. Recuerdo con humor, cuando al haber ella conocido en la playa, a alguien que se me parecía mucho, decidimos que lo iba a “filtrear” y mientras tanto yo le afanaría la cédula.
Cuando tuve que asumir otras responsabilidades, pasaron a trabajar con otros compañeros. En la andanada de detenciones del 81 y 82, caímos todos los que estábamos vinculados a su casa. Pero ellos siguieron militando.
En 1983 los jóvenes realizan una manifestación. Se sucede un nuevo golpe a la UJC. Marcelo es detenido.
Lía con sus hijos, se vio obligada a dejar el país. Anita siguió aportando su esfuerzo a la causa de la Libertad.
Con Marcelo nos encontramos en el Penal y nos estrechamos en un abrazo. A Lía y Ana las volvimos a ver cuando recuperamos la libertad. En el reencuentro hablamos de lo vivido juntos y de las peripecias que le tocó vivir a cada uno.
Gurises resistentes, hace tiempo que no los veo y los saludo desde acá.
La Pata
La Pata.
José Pacella
No era para cualquiera, sobre fines de los años 70, viajar legalmente a Buenos Aires con el pretexto de visitar un familiar, cargando en el equipaje las brasas encendidas de la lucha clandestina.
Cristina se trasmutaba en una tímida paloma mensajera, cruzando el río una y otra vez, con la pesada carga entre sus alas.
Volaba atravesando la noche, albergando en su pecho los sueños truncados de Nibia, Silvina. Helena y tantas otras.
Ovarios y corazón que arrinconando los miedos pujaban para alumbrar el mañana.
En inocentes cajas de juguetes, jabones, perfumes, con doble fondo, el mundo se enteraba de la resistencia del pueblo uruguayo. Periódicos sindicales, volantes, declaraciones de la CNT, la FEUU, Carta. Líber Arce, denuncias de nuevas desapariciones o la salud de los presos, mensajes que nos vinculaban a los compañeros en el exterior. La cosa era de ida y vuelta, volando con los vientos solidarios.
Enemiga del ruido, le costaba hablar en las reuniones del viejo local de la calle Haig, donde la conocimos. Pero podía, con sus 15 años, pararse en el muro del liceo 18 y dirigirse a sus compañeros, desafiando a los fascistas y la represión de la Época.
No fueron su figura ni su forma de caminar las que le valieron el apodo de ‘La Pata’.
Fue porque en el reparto de idilios musicales le había tocado ‘Patricio’. Tiempo de amores juveniles y suspiros por la presencia de los Quilapayún o Víctor Jara, compartidos con Mariene y Corina, que, quizás sin saberlo, contemplaron su vuelo desde su encierro en Punta de Rieles.
Atrás quedaron las nocturnales tertulias, que sus padres abandonaban, mientras nosotros amanecíamos, a puro café y cigarros, en su casa de la calle Asencio.
La detuvieron, entregada, en Diciembre del 81. Los torturadores tuvieron que tragarse sus silencios, no lograron arrancarle una palabra, lo único que le faltó negar fue su nombre.
Tenía, y tiene, la pasta de los que hacen la historia de los pueblos con la sencillez de lo cotidiano, la misma con la cual hoy pelea por sus pichones y la esperanza del futuro de todos.
Daniel
José Pacella
Patricia: quisiera contarte como tu padre, sin estridencias, vocalizaba la melodía de la resistencia, a los largo de los 12 años de dictadura.
Por las escaleras del Banco Central, cocina del diablo del capital financiero, descendían pisando con la bota militar los Chicago Boys, Vegh Villegas, Valentín Arismendi, los hipócritas escribas de Búsqueda. Bajaban también otros, a puro traje y corbata, indiferentes al drama que vivía nuestro pueblo, perdidos en el autoconformismo del funcionariado de carrera, prisioneros del frío lenguaje de los números.
Pero entre ellos estaban también los que, traspasando los silencios del miedo como Daniel, por debajo de las vestiduras ejecutivas, muy adentro de la piel, les latía el corazón, encendiendo todos los días la llama de la lucha por la libertad.
Daniel Vaz, en su maletín, o escondidas entre sus ropas, sacaba toda la información económica, documentos y análisis, realizados por él. La información política y de las peripecias militares que cundían en Palacio, fluían hacia nosotros, alimentando los textos anónimos que desde la clandestinidad, enfrentaban al régimen fascista.
Esas eran las cartas que le habían tocado en el reparto.
Primero su hermano y más tarde Adelita, fueron detenidos, torturados y encarcelados.
Nos conocimos en los avatares de las oleadas represivas que vanamente buscaban eliminar la resistencia del PCU y de las organizaciones obreras y estudiantiles, allá por el 79.
Daniel era un baluarte de vida que lograba compaginar su acción militante con el calor en la forja de su familia.
Todavía hoy me parece verte correteando, junto a tu madre, en el apartamento de las viviendas de la calle Londres, o más tarde en La Comercial, compartiendo en la tele, la final de la Copa América con su querido Nacional Campeón, con el regocijo del triunfo del NO, punto de inflexión hacia la derrota de la dictadura.
A veces los encuentros eran en la calle, donde “caía”. El petizo tenía arrestos para, entre espinillares, en el boliche de Gral. Flores casi Consulado, darme una mano en la elaboración de artículos para la Carta, con los papeles a media agua entre la mesa y nuestras faldas.
Luego sobrevino un nuevo golpe represivo y por razones de “fuerza mayor” nos dejamos de ver.
Cuando, derrotada la dictadura, nos encontramos, estrechándonos en un fuerte abrazo, el me regaló, casi como un símbolo, un portafolios.
Pocos años después nos enteramos, tardíamente, que siendo aún muy joven, su corazón se detuvo.
Pero Daniel fue corriente de agua cristalina, parte del caudaloso río de libertad.
Su corazón voló como en la canción…
“Al vent
El cor al vent
Al vent del mond”
Casualidades entre artesanos y combatientes
Casualidades entre artesanos y combatientes.
José Pacella
Nos conocimos en la 14, siendo Pedrito casi un niño. Sus padres, militantes del Partido, afiliados al calor de la lucha por la República Española, y las manifestaciones “sediciosas” contra el fascismo. Con una vida muy sacrificada, criaron a sus cuatro hijos con los jornales de la construcción y las extras de trabajo a planograf.
Con 12 años Pedro salía en brigada con nosotros a vender “El Popular”, en los 60.
Cosa nada fácil en aquel tiempo. Múltiples anécdotas se entrelazan, en aquella época de construcción del seccional 14 de la UJC, entre pintadas, pegatinas, manifestaciones, bailes, solidaridad con los trabajadores de la zona y con los liceales en su combate contra las bandas fascistas.
Más tarde sería el enfrentamiento a la sucesión de “Medidas de Seguridad”, la dura tarea de juntar firmas para la Reforma Amarilla, las manifestaciones ante la invasión yanqui a Santo Domingo.
Crece la lucha popular y crece la represión, los mártires estudiantiles son asesinados.
Juntos participamos en las barricadas en defensa del Frigorífico Nacional, y en el flamear de las banderas cubanas y vietnamitas, colocadas en la chimenea de Nervión, en repudio a la visita de Rockefeller, allí estuvieron también el “Gordo” Alpuin, el “Oso” Machín y Hugo Altesor.
De esa época hasta hoy, se mantiene el calor humano de su familia.
La vida siguió. Pedrito estudiaba en el Bauzá y ya tenía vocación por la pintura. Yo asumí otras responsabilidades y dejamos de vernos con frecuencia.
Hasta que un operativo del Departamento 4, nos juntó, en las peores, en el 74.
Nos volvimos a juntar en el 76, tiempos complicados.
Pedrito se había casado con Cinthia, romance nacido en las correrías por Capurro. Poco después nació su hija Natalia.
A veces “recalaba” varios días en su apartamento, en Lecoc, durmiendo junto a su pequeña hija.
El trabajaba en la metalúrgica “Las Heras”1 , en la calle Daniel Muñoz, y nos juntábamos en algún boliche cercano, por la calle Miguelete, donde le arrimaba los materiales. La “Carta” y boletines de la CNT que denunciaban el enorme deterioro del salario, ayudan a Pedro y sus compañeros a organizar una asamblea en la puerta de la fábrica, en la cual deciden pedir un aumento de salario. Para evitar represalias elijen, entre los 100 trabajadores, una delegación de 10 para presentar el reclamo ante la patronal.
Seguramente la mayoría de esos trabajadores no sabía que de esa misma fábrica, que en otros tiempos tenía otro nombre, había surgido a la vida sindical Gerardo Cuesta, dirigente de la CNT, detenido en 1976 y muerto en el Hospital Militar, víctima de las torturas y las condiciones de reclusión.
Cuando la dictadura, vanamente, intentó suprimir el 1º de Mayo en el año 80, Pedro organizó en la fábrica un plebiscito, secreto. Votaron en los baños. Ganó, por dos votos, no trabajar. Entendiendo que la medida podía dividir a los trabajadores, resolvieron sacar un boletín, del UNTMRA – CNT, y lo repartieron en el barrio.
En la fábrica y el barrio, cuando llegó el plebiscito por el NO, cubrieron la zona de pintadas y ganaron cientos de votos de los trabajadores de los comercios y fábricas vecinas.
A mediados del 81, Pedro y Cinthia se quedaron transitoriamente “colgados” al ser yo detenido.
Después él abandonó la fábrica, dedicándose a su pasión, la artesanía.
Siguió en las filas de la resistencia, realizando tareas de Partido y en el Frente Amplio, y fue uno de los pilares de la formación del gremio de Artesanos.
Al ser liberado, en el 85, el comité Paco Espínola festejó el cumpleaños de mi hija, de 8 años, y allá estaban Pedro y Cinthia, con Natalia y su segunda hija, Malena, que por esas cosas de la vida, nació el día de mi cumpleaños.
1 Esta fábrica se llamaba Pesce y Simeone
Hermana
Hermana
José Pacella
«Buen provecho mi general», pensó en voz alta Ivonne de vuelta en su hogar, al escuchar la tedio-tenebrosa cadena de las Fuerzas Conjuntas. (Nunca hubiera imaginado antes una música para «inspirar» el miedo).
Participaba del «casa a casa» con el volante del NO, del Frente. Les habían indicado arrojarlos en algunas calles, pero decidieron, con su amiga Lila, arriesgarse empujándolos por debajo de las puertas. Los camuflaron en un cochecito del bebé recorriendo el barrio sin zozobras, dimensionando lo inocente.
Vaya uno a saber si por intuición, casualidad o estado de ánimo, esta vez no utilizó, al comunicarse con uno de sus enlaces, telefónicamente, con el nombre acordado. Cuando preguntaron «¿De parte de quién?», apenas respondió «de la hermana».
Se encontraron en el lugar que usaban en forma permanente. Luego del natural beso de pareja, se alejaron tomados de la mano.
Era un tiempo donde los vínculos sentimentales y familiares se multiplicaban. Sobrinos, tíos y parejas que no lo eran, y, a la vez, pasiones nacidas en el fragor y las tensiones de la lucha clandestina, reencuentros fortuitos cuando la soledad era otro enemigo a combatir.
Apenas dieron la vuelta, en la primera esquina, él lanzó una chorrera entrecortada de confusas palabras que intentaban ser confesión, aviso, disculpa y pedido de ayuda, todo a la vez. Una semana atrás lo habían detenido, torturado y soltado con el compromiso de entregarla cuando se comunicara.
-¿Qué hago ahora?
«Tenés que ver lo positivo de mi actitud, ahora te aconsejo que vayas a tu casa, tomes lo elemental, hables con tu familia y te vayas del país.»
Ivonne, sacudida por lo que escuchaba, logró desdoblarse y asimilar lo suficiente para hilvanar una respuesta.
Se despidió con una expresión de confianza alejándose rápidamente del lugar, alerta, buscando las calles que le permitieran confundirse con la gente, cerciorándose de que no la seguían.
Con el corazón más acelerado que sus pies pensó, con una tenue sonrisa contenida entre sus labios, en la magia de una palabra;
HERMANA, capaz de transformar la rama quebradiza del paraíso en mimbre, para permitir que ella siguiera aportando savia al árbol de la resistencia, que en ese entonces crecía.
"El pan partido” del Negro Ortiz
“EL pan partido” del Negro Ortiz.
Revista el Soldado de 1980:”Los comunistas son en el pueblo lo que el pez en el agua, para acabar con ellos hay que…” (1).
Porfiado y querendón, porque después de perder contacto con la dirección clandestina, volvía a enviar el papelito envuelto en cinta adhesiva, para retomar el vínculo, con los riesgos que eso significaba.
Porfiado y querendón, porque cada vez se aparecía con un pedazo de pan “partido” cada vez más grande debajo del brazo.
Vínculos obreros, estudiantiles, sociales, gremios, cientos de militantes clandestinos de la resistencia que crecía arriba, abajo y en los costados. Así fue en el 76, en el año 78 y en el filo de los 80, que nos conocimos. Cuando nos conocimos recalábamos entre boliche y boliche, más tarde nos reuníamos en casas conseguidas por él o a través de los enlaces; intercambiando información, objetivos, paquetes de propaganda y múltiples vínculos que florecían.
Juntos libramos hermosas batallas de aquellos años; la derrota de los intentos de formar una central permeable a la Dictadura, el intento de suprimir el 1º de mayo y la clara perspectiva desde meses antes del triunfo del NO en el año 1980.
Por eso cuando hoy tengo una imagen de una foto de él, que aparece fría, que le miente al optimismo que irradiaba Félix. Su rostro serio, casi imposible de ver, cuando intentábamos, cámara en mano, sacarle una foto para elaborar su cédula falsa, vaya si me resultó casi un imposible.
Aún hoy me acompaña su picardía, cuando venía de mucho fideo y arroz y un mediodía en el patio abierto con claraboya de la calle Hocquart, yo estaba cocinando una carne a la cerveza y me metía el pedacito de pan para probar la salsa.
Los desaparecidos no son seres abstractos, ni sólo un nombre y un apellido; Félix Ortiz, cuando es detenido y desaparecido, era el secretario en Montevideo del Partido Comunista del Uruguay; así como Omar Paitta (obrero de la construcción) era el secretario del regional 3 del Partido y Miguel Mato un importante militante de la UJC en FUNSA.
En Félix va nuestro homenaje a todos los luchadores que protagonizaron la gesta que nos condujo a la caída de la dictadura.
José Pacella.
Órgano oficial del Ejército, partidario de la Dictadura
jueves, 6 de mayo de 2010
Aníbal el carpintero
Anibal Balbi vive en nosotros y nos apretamos en un abrazo con su compañera "Chela"
Aníbal el carpintero.
Ya no recuerdo si en el 86 o en el 87, fue al poco tiempo de recuperar la libertad con la “amnistía”.
Con dificultades para resolver vivienda, estaba “recalando” en el apartamento 2 de la calle San Martín. En una de esas mañanas en que salí a tomar mate en el corredor, vi golpear en la puerta del apartamento 1, para mi sorpresa, al flaco Balbi.
¿Qué hacés aquí?
¿qué hacés vos? Aquí vive mi media hermana. Respondió con una sonrisa, infaltable en su rostro.
La situación me hizo estallar en una carcajada.
Nos habíamos visto por última vez en el 5º piso del Penal de Libertad, cuando utilizando su condición de carpintero, hizo un banquito para enviar a mis hijos.
Nos sentamos, en casa, a tomar mate, y a recordar…
Nos conocimos en medio de vendavales, allá por Abril del 79. Nos había llegado el “enganche” en un rollito de papel, sabiendo nosotros que era el secretario del Partido en Canelones. Por imperio de las circunstancias mis responsabilidades se habían acrecentado y pasé a trabajar con él.
Alto, delgado, con una sonrisa de vida y optimismo que lo acompañaba siempre, carpintero de oficio, capo en moldear madera y vida.
Nos juntábamos en una casa clandestina en Aires Puros. Con él, Omar Paita y el Profesor Rodríguez. Planificábamos el trabajo clandestino y los nuevos objetivos a llevar adelante.
Entre otras cosas, las movilizaciones de los obreros en los frigoríficos de Canelones, en IPUSA d Pando, en el SUNCA y la lucha contra
También comentamos jocosamente el cumpleaños en El Sauce, donde aparecieron “pintadas” y al finalizar la fiesta se llevaron en “cana” a los invitados, o el gesto de un Coronel, al tirar sobre el escritorio del escribano Carámbula, la “Carta”, exclamando” mirá lo que nos hacen estos comunistas, tendríamos que matarlos a todos”.
En una de esas reuniones nos trajeron los primeros ejemplares de la revista “
Nos retirábamos de la casa de a dos. El flaco y yo arrancábamos hacia San Martín y, como sin buscarlo, nos topábamos con el boliche de la esquina de Koch. Allí, compartiendo un par de grapas y cigarrillos, acordábamos los futuros encuentros personales, los “envíos” que no haríamos a través de los “enlaces” y alguna cosa que hubiera quedado descolgada en la reunión.
Al separarnos cada uno seguía su ruta.
Yo me mandaba la “travesura” de pasar a saludar a mis padres que vivían a un par de cuadras, con los cuidados del caso.
La vida siguió y meses antes del Plebiscito los encuentros personales con Aníbal terminaban con una sonrisa, porque ambos coincidíamos en que ganaría el NO.
Luego del triunfo del NO, se acrecentaron las responsabilidades y los peligros, porque la riqueza del momento exigía exponerse más. Y, casi como un juego, hacíamos la apuesta de quien “caería” primero,
Nos tocó perder la apuesta. En junio del 81 caí en una “ratonera”. Y seis meses más tarde le tocó “caer” al flaco.
Mucho tiempo después nos enteraríamos de la desaparición de Omar Paita, que en ese tiempo había pasado a dirigir el Regional 3 del Partido.
En el Penal nos veíamos y saludábamos de lejos. Hasta que coincidimos en el 5º piso.
Como ya no era necesaria la “compartimentación” nos fuimos enterando de las dificultades del flaco y Chela, obrera de
Lo risueño, jocoso, que nos llenó de hilaridad, fue comprobar que, cuando salíamos del boliche, en aquel tiempo, y cada uno hacía su ruta, terminábamos en el mismo corredor. Él, yendo a almorzar en el apartamento 1, yo a visitar a mis viejos en el 2.
Y aunque parezca de no creer, nunca nos cruzamos.
J.P.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Relatos y vivencias
14 DE AGOSTO DE 1980: LIBER ARCE Y EL NO
Este 1º de mayo pasado, me encontré con Álvaro Bondad. Lo conocí hace muchos años en un video de la calle Canelones. Enseguida nos hicimos amigos. Le debo a él en gran parte el haber empezado el IPA.
En Av. Libertador nos dimos un abrazo, de esos que nos damos los compañeros, pese a no vernos hace tiempo. Además de ser un tipazo, hoy es un destacado militante del PIT-CNT(a él no le gusta lo de destacado), más concretamente de FUECI.
Es un gran lector, es hincha del tiqui-tiqui de River Plate, y por encima de todo tiene una gran sensibilidad. Pero yo quiero compartir una vivencia que me contó el 1º de mayo. Salió el tema del No del año 1980. Yo le pregunté si tuviera que destacar algo de aquel año que lo hubiese marcado, me respondió sin vacilar: Liber Arce.
Ésta es la historia. Tenía 16 años y estudiaba en el Liceo Nº9 de Colón. El 14 de Agosto de 1980 él y un grupo de adolescentes organizaron un minuto de silencio en todo el liceo en homenaje del primer mártir estudiantil. No fue un acto de locura, sino de profunda conciencia. En esa época por un volante, un pintada de un muro o participar en una reunión, podía significar la tortura.
¿Cuántos Álvaros se arriesgaron, tan jóvenes para que en este país retornara la democracia? ¿Qué muestra este hecho? Entre otras cosas la combatividad de los jóvenes, que si bien muchos no pudieron votar el 30 de noviembre de 1980, sembraron con su lucha, la posibilidad del triunfo del NO. Se sintetizan el estudiante de ayer, resistiendo la dictadura con el dirigente de hoy de los trabajadores organizados.
Un abrazo de Gonzalo.
SIMULACRO: 29 A 1
SIMULACRO: 29 A 1
Aquí se unen varias historias. Yo estuve preso desde abril de 1975(año de la Orientalidad) con 18 años hasta noviembre de 1979, un año antes del famoso plebiscito del 30 de noviembre de 1980. Como iba a firmar al cuartel y me seguían los milicos estuve un año “congelado” (no podía hacer nada…) por precaución. No podía verme con compañeros, iba del trabajo a mi casa y de mi casa al trabajo. La idea era justamente retomar la militancia después del plebiscito.
Caer de vuelta era ser torturado de nuevo y de eso algo ya sabía. Pero en el año 80 se definía nada menos, que ellos querían legalizar la dictadura. Había que hacer algo, siempre se hacia algo, se tuviera o no contacto con el Partido.
Yo trabajaba en una fábrica de tejido de punto, llamada LANAL S.A., ubicada en la calle Martín Martínez, casi Colonia. La fábrica tenía 30 trabajadores.
A la hora de comer, se hablaba de política con mucho cuidado, porque se corrían riesgos, por el solo hecho de hablar de política. Pero a medida que se acercaba la fecha de la elección, aumentaba el interés. Había un compañero que era tejedor, que tenía una calidad bárbara para sacar el tema a la hora del descanso.
Yo me había dado cuenta que el era un hombre de la resistencia y él me había calado a mí y se daba cuenta que yo algo tenía que ver con la misma. Pero no nos podíamos deschavar uno al otro y él no sabía mi pasaje por el penal. Pero teníamos como un “acuerdo” no escrito, donde los dos nos apoyábamos mutuamente.
Ese compañero, antes del 30 de noviembre propuso hacer en la fábrica un simulacro. Hicimos una urna casera y la pusimos en el comedor para que las compañeras (mayoría eran mujeres) y compañeros votaran por Si o por No. Abrimos la urna y APARECIERON: 29 votos por el NO y uno sólo por el Si. Eso que parecía un hecho aislado, luego leyendo los materiales clandestinos que circulaban, resulta que se había realizado en 200 lugares más. Esto es una historia aún por contarse.
Yo me acuerdo de lo que me tocó a mí, porque participé. Luego recuperamos la democracia y conocí a José. Pero recién hace unos años me enteré por mi hermano Gustavo, que la bruja había sido el encargado de la dirección del Partido en la clandestinidad. Que quedó en lugar de León Lev desde febrero de 1979 hasta el 27 de junio de 1981, cuando se lo llevaron preso.
Hablando con Pacella le cuento esta anécdota y el no tenía conocimiento de ella en particular, si conocía que se habían realizado cientos de ellos. Como no podían hacer encuestas, era haciendo simulacros, como se pulseaba el estado de ánimo. Por eso lo entiendo cuando el dice: que cuando Germán a las 20:30 dio a entender que habíamos triunfado, llorando, abrazado a su compañera, en la más profunda clandestinidad repetía, YO LO SABÍA, YO LO SABÍA.
El ñaño. Montevideo 4 de mayo de 2010.
va este relato de la lucha por el NO.Mis datos si quieren ponerlos son: Gonzalo Alsina CI Nº 2.575.609-8. Mi Nº de preso el 1888. Alias el ñaño por más dato.
domingo, 2 de mayo de 2010
Claudia y Rodolfo
Claudia y Rodolfo
Vivían en Pocitos, eran militantes de
Luego de la detención de Omar Rodríguez, a fines del 78, pasé a trabajar con ellos. Seguro sintieron el cambio.
Dada la riqueza del momento que exigía la participación de todos, las necesidades, y mis características de “abrir el juego”, pasaron a trabajar en la elaboración de algunos materiales y como “enlace”.
Rodolfo, casi Ingeniero, había inventando una fotocopiadora casera. Funcionaba a partir de unas lámparas y vidrios. Le había instalado un reloj que le avisaba cuando la copia estaba pronta, dado que demoraba 3 minutos.
Así que, cuando a mediados del 80, nuestros compañeros desde Bs.As., lograron que llegase a nosotros una fotocopiadora de matrices, electrónica, estaba como el niño al cual le hacen el regalo soñado.
El tremendo valor y el papel que jugó el artefacto le debe haber amargado la vida a los milicos. Pasamos de la “edad de piedra” a la época “sideral”.
Ya no necesitábamos “picar” matrices. Sobre la base de un original sacábamos la cantidad de matrices que quisiéramos y podíamos agregarles dibujos o fotos.
Así que cuando en las páginas del diario pro dictatorial “El País”, comenzó a salir el indiecito, mascota del mundialito del 80, entre el Ingeniero y yo, apasionados por el fútbol, le cambiamos el texto por: “Hágale un gol a
Decenas de miles de volantes y pegotines, con éste y otros textos, algunos plagiando a “Peloduro”, inundaron la ciudad.
Recuerdo la alegría de Claudia, cuando una vez logró reproducir el volante en colores.
Con ella bromeábamos sobre la necesidad de cambiar la señal de “Peligro”, o no.
Su pequeño hijo había dejado los pañales y yo le dije que debía volver a quedar embarazada. Cosa que sucedió.
Todavía hoy me jacto elaborando algunas recetas aprendidas al calor humano, y de la cocina, que nos ayudaban a sortear los días de encierro, donde Claudia demostraba su sapiencia.
No puedo olvidarme del temple de ambos. De Rodolfo transportando paquetes en su cachilo o de Claudia, viajando a Bs.As., cargada de materiales clandestinos, que luego circulaban en el mundo.
Yo fui detenido y ellos siguieron llameando por
